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17/03/2011  

“DON JESÚS PRECEDO”. COLABORACIÓN DEL DIRECTIVO DE LA RSEAPS JOSÉ MANUEL GARCÍA IGLESIAS EN EL CORREO GALLEGO 17 de marzo de 2011


HOMENAJE A DON JESÚS PRECEDO LAFUENTE, ANTIGUO SECRETARIO DE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE LA CIUDAD DE SANTIAGO EN LA COLABORACIÓN DEL DIRECTIVO DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA EL CATEDRÁTICO DE ARTE JOSÉ MANUEL GARCÍA IGLESIAS.

 

El Correo Gallego 17 de marzo de 2011


 (Fotografía de Don Jesús Precedo)

DEÁN EMÉRITO de la Catedral de Santiago, don Jesús Precedo Lafuente permanece en el recuerdo de muchos compostelanos. Su muerte le llegó en una ancianidad activa. Era habitual encontrarlo paseando y saludando por su nombre a tantas y tantas personas que lo tuvimos como profesor, en el instituto, como cura cercano tantas y tantas familias, y, siempre como canónigo amigo, singularmente próximo al culto jacobeo, dedicando una parte de su vida, muy importante, a preparar la celebración de diferentes años santos. Es más, siempre que tuvo ocasión escribió, con pasión y devoción, sobre el culto apostólico al que procuró, en la medida de sus posibilidades, enaltecer.

Allí en el claustro catedralicio, en su parte occidental, muy cerca de esa Sala Capitular que tantas veces presidió, está enterrado su cuerpo, al lado del de don Jaime García Rodríguez y, enfrente, de otros dos buenos canónigos, de un ayer reciente, don Bartolomé Sánchez Canals y don Juan José Cebrián Franco. Unas flores blancas estaban, aún ayer, depositadas a la cabecera de su tumba, evocando el cariño al que se hizo merecedor.

Y es así porque ha dejado amigos por todas partes: en la Catedral, entre sus compañeros de Cabildo; en la Cocina Económica, cuya actividad caritativa presidió; en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en la Fundación Alfredo Brañas, testigos de su amor a su tierra y a su desarrollo; entre quienes, con él, tuvieron responsabilidades en el consejo de administración de la Caja de Ahorros de Santiago, entidad con cuya Obra Social se sintió profundamente vinculado...

Era un hombre creyente, como muy pocos, y querido, desde el mayor de los respetos. Fue un ejemplo para todos: como ciudadano, como clérigo, como compañero con el que siempre se podía contar para cualquier causa que él entendiese conveniente.

© Real Sociedad Económica de Amigos del País
de la ciudad de Santiago - 2008

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