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06/10/2011  

DISCURSOS DEL ACTO DE NOMBRAMIENTO SOCIO HONOR A GERARDO FERNÁNDEZ ALBOR


Detallamos a continuación el acto de nombramiento de Gerardo Fernández Albor como socio de honor de la RSEAPS.

 

Buenas tardes y bienvenidos.

Esta tarde nos reunimos en uno de los símbolos de la Galicia del hoy y del mañana, la Ciudad de la Cultura, y aquí y ahora, una de las instituciones con más historia de nuestra ciudad rinde un sencillo y muy sincero homenaje a una de las personalidades más sobresalientes de nuestra tierra.

Para comenzar el acto tomará la palabra Don Juan Bautista de la Salle Barreiro Pérez, Presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad de Santiago.

 

INTERVENCIÓN PRESIDENTE.

Gerardo Fernández Albor, Gerardo Conde Roa, autoridades, socios de la RSEAP, amigos todos.

La Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad de Santiago tiene entre sus objetivos el fomento de los valores morales y culturales, y los intereses del pueblo gallego. La idea inicial de sus fundadores en 1784, bajo el reinado de Carlos III, era que tuviera el nombre de Real Sociedad Económica del Reino de Galicia, denominación que no permitió el Consejo de Castilla, por la posibilidad de que se creasen Sociedades Económicas en otras ciudades gallegas (como así fue, aunque en la actualidad es la única que pervive en nuestra Comunidad) y su denominación inicial fue y sigue siendo la de Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad de Santiago, pero nada más lejos de sus intenciones que limitarse al ámbito local, pues como veíamos en sus objetivos su idea era contribuir al progreso de Galicia. Su lema es “socorrer enseñando”, y su misión se inspirará en el logro del bienestar y el amor a la cultura.

Para lograr estos fines la RSEAPS se valdrá de medios para la organización y puesta en práctica de actividades docentes, culturales, sociales y económicas orientadas a fomentar el progreso del pueblo gallego.

 

La RSEAP se pronuncia abiertamente en favor de aquellas personas que se entregan a Galicia, no solamente con exclusiva dedicación, sino también con renuncias y sacrificios, únicamente conocidos en el ámbito de la intimidad familiar, y solo concebibles con un inusitado amor y sacrificio por la tierra que las vio nacer. Es por ello que además de poseer un magnífico patrimonio documental y artístico, la RSEAPS a lo largo de sus 227 años de historia ha contado entre sus socios con personalidades muy relevantes en los ámbitos cultural, artístico, político, religioso, científico y económico. Por citar algunos y empezando por sus fundadores destacaría a Antonio de Páramo y Somoza, Pedro Antonio Sánchez Vaamonde, Juan Armada –marqués de Santa Cruz de Rivadulla-, Antonio Casares Rodrigo, Domingo Fontán, José Varela de Montes, Salvador Parga, José Mª Fenollera Ibáñez, Joaquín Díaz de Rábago, Eugenio Montero Rios, Luis Fernández Garrido, Ricardo Bescansa Martínez, Antonio Fraguas Fraguas, Manuel Fraga Iribarne y el recientemente fallecido Jesús Precedo Lafuente, entre otros muchos.

 

Una de las intenciones de la nueva Junta Directiva ha sido recuperar a estas grandes figuras, colaborando en exposiciones, publicaciones y organizando premios como el de investigación histórica Domingo Fontán, en colaboración con la USC, para que puedan ser conocidos y valorados en su justa medida sus logros y realizaciones.

Por ello queremos mostrar nuestro reconocimiento a uno de nuestros socios, que forma parte de este patrimonio personal que tiene la Sociedad Económica y en el que fundamenta sus realizaciones. Si nos paramos a analizar en profundidad la trayectoria de las grandes personalidades de la RSEAPS, advertimos tres características comunes en ellos:

 

1.-Una profunda preparación en los campos del arte, la ciencia o las letras.

2.-Un deseo inquebrantable de contribuir al progreso de la humanidad.

3.-Un gran amor a Galicia y a sus gentes.

 

También encontramos en Gerardo Fernández Albor esas tres cualidades,  por ello la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Ciudad de Santiago en Junta Directiva celebrada el día 13 de septiembre de 2011, acordó por unanimidad el nombramiento de Gerardo Fernández Albor como socio de honor de nuestra institución.

Ingresó como socio de la RSEAPS el 2 de mayo de 1963, lleva por lo tanto casi 50 años participando de forma activa en las actividades de nuestra institución, acudiendo siempre que sus múltiples obligaciones se lo permiten, a las exposiciones, conferencias, asambleas de socios y todo tipo de actos que organiza la Real Sociedad Económica.

 

1.-Su sólida preparación se manifiesta en la titulación universitaria de Medicina en la Universidad de Santiago de Compostela y desarrollo de su actividad profesional.

2.-El deseo intensamente puesto en práctica de contribuir al progreso humano, se pone de manifiesto en el elevado número de organismos e instituciones en los que estuvo y está presente, dejando en todos ellos la profunda huella de su personalidad, de su trabajar diario y de su dedicación desinteresada.

3.-La tercera característica a la que hacíamos mención es su gran amor a Galicia, cultivado este profundo sentido galleguista y la preocupación por la sociedad Gallega, desde su nacimiento el 7 de septiembre de 1917 en Santiago de Compostela y que tuvo su culminación con su elección como presidente de la Xunta de Galicia en 1982, sacrificando parte de su vida privada y renunciando, en aquel momento, a su carrera en pleno éxito profesional, para ponerse al servicio de Galicia.

Para Gerardo Fernández Albor, y permitiéndome utilizar sus palabras:

“El galleguismo, más que una ideología, es un compromiso con la tierra, y son galleguistas los del centro, derecha o izquierda, todos aquellos que se comprometan a luchar por el bienestar de su tierra. Es el amor a Galicia. Y cuando amas a Galicia, y trabajas por ella, porque mejoren sus gentes y su conjunto, eso es el galleguismo. No es para mí una ideología concreta, ya que, como he dicho, caben en él todas las fuerzas políticas”.

 

 

No me voy a extender en su amplio curriculum ya que tras mi intervención lo hará un buen amigo suyo, Gerardo Conde Roa al que ya cedo la palabra para que haga la Laudatio del homenajeado.

 

No quiero finalizar estas palabras sin agradecer a Gerardo Fernández Albor todo lo que nos dado a los gallegos, a Gerardo Conde Roa por aceptar participar en esta acto y a todos Uds. por vuestra presencia.

 

Muchas gracias.

 

Al término, presenta a Don Gerardo Conde Roa.

 

INTERVENCIÓN DON GERARDO CONDE ROA

SALUDO A LAS AUTORIDADES

         La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago es una institución ilustrada íntimamente unida a la historia de la ciudad de Santiago de Compostela y de su Ayuntamiento desde hace más de 200 años cuando el Rey Carlos III autorizó su creación. La historia de esta institución, que nace con el objetivo de fomentar las artes y la industria, nos cuenta que los fundadores remitieron el 2 de enero de 1784 un oficio al alcalde de Santiago, Don Pedro María de Cisneros, conde de Jimonde, solicitando un espacio suficiente para celebrar sus Juntas y para que apoyase a esta sociedad naciente.

Las reticencias iniciales de mi antecesor hubieron de ser vencidas con una orden aclaratoria del Consejo de Castilla. Desde entonces han pasado muchas cosas y el Ayuntamiento compostelano junto con otras instituciones como la Universidad o el cabildo catedralicio han contribuido al fin común del progreso de Santiago y de Galicia, un concepto plenamente ilustrado que hoy sigue estando en nuestro horizonte.

         Desde luego los malentendidos históricos han desaparecido hace tiempo y son eso: historia. Buena muestra de ello es la decisión de la actual Junta Directiva de la institución, presidida por Juan Bautista de la Salle Barreiro, para que sea precisamente el alcalde de la ciudad el que realice la laudatio del homenajeado de esta tarde.

         Ciertamente, es un honor para mí realizar la laudatio de Gerardo Fernández Albor, primer presidente autonómico de la Xunta de Galicia, al que me unen no sólo lazos familiares y afectivos sino también una profunda admiración por su trayectoria como compostelano ejemplar, como médico-cirujano, como político y como persona.

De alguna manera, a él se debe que esté hoy aquí porque fue el primero que me propuso, en su despacho del Policlínico la Rosaleda, que me dedicase a la política. Me invitó después a asistir a la sesión constitutiva del Parlamento Gallego, situado entonces en el Palacio de Gelmírez, y a los pocos meses desempeñaría mi primera responsabilidad como Secretario de Acción Política en el Gobierno que él presidía. Estar a su lado en aquellos momentos constitutivos de nuestra Autonomía, recorrer con él Galicia, visitando pueblos y ciudades, comprobar como recibía y escuchaba a las personas más humildes, y cómo era inflexible al exigir respeto institucional para el cargo que ostentaba, fue para mí la mejor escuela a la que jamás pude aspirar.

         Permítanme, sin embargo, que refrene la emoción que siento en este momento y que les presente de una forma más ordenada los méritos que concurren en el Dr. Fernández Albor para ser acreedor del homenaje que hoy le tributa la Real Sociedad Económica de Amigos el País de Santiago. Lo haré respondiendo a una delicada pregunta que nos incumbe por igual, aunque en distinto grado: ¿un político nace o se hace? Probablemente pensarán que es una cuestión irresoluble y no les falta razón. Goethe afirmó que “es muy fácil pensar , obrar es muy difícil, obrar según nuestro pensamiento es lo más difícil del mundo. Creo que es justamente esta virtud, la de la coherencia, la que ha caracterizado siempre a nuestro homenajeado, una virtud a la que él supo añadir las dosis adecuadas de sentido común para afrontar las delicadas encrucijadas que nunca faltan en la política y en la vida.

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Xerardo Fernández Albor nace un 7 de setembro do ano 1917, mentres nas frontes europeas se decidía o desenlace da Gran Guerra e un mes antes de que estralase a Revolución rusa. Abofé que a vida para un compostelán do ano 1917 era bastante máis tranquila.

         Naceu no corazón de Compostela no seo dunha familia humilde, condición da que decote se ten gabado. Foi o segundo de cinco irmáns e foi bautizado na pía bautismal da igrexa de Santa Susana, o mesmo que a súa dona Asunción Baltar e os seus fillos. Non se pode ser máis santiagués, dende logo, aínda que, tanto daquela como agora, compostelán é aquel que aprende a vivir e amar esta nosa cidade sen importar onde teña nacido. Súa nai, como el ten lembrado, naceu en Bos Aires, pero estableceuse co seu home e a súa familia en Santiago, onde rexentaban o Hostal “La Estrella”. Un negocio familiar no que medrou aquel mozo que faría tamén os seus primeiros cartiños atendendo o teléfono e avisando das conferencias. Velaí a primeira ensinanza para chegar a ser un gran político: aprender que do esforzo e do traballo persoal un pode chegar ata onde se propoña.

A Universidade era para el un soño imposible, polo lonxe que cadraban aínda as aulas da minerva compostelán para aquel mozo. Había que ir a modo. Antes, cumpría rematar o ensino primario no Colexio das Orfas a carón dunhas monxas das que garda a mellor das lembranzas. Despois cursando os estudos de bacharelato na Academia Gelmírez, onde recibiu clases de  don José Teijeiro, ó que lembra como “o meu primeiro gran mestre, o primeiro home que nos empezou a falar de Galicia”[1]. Acudiu tamén as clases do conservatorio da Real Sociedade de Amigos do País de Santiago. Termando do seu violín Xerardo aprendeu que a música é un recanto íntimo para acougar e, dende aquela, tentou que todo na súa vida, tamén a política, tivese a doses necesarias de ritmo e harmonía.

         Cando comeza a estudar Medicina na Universidade compostelán desaparecera a apracible vida doutros tempos e ben axiña ten que interromper os seus estudos por mor do comezo da Guerra Civil. Foi mobilizado e salvouse de combater na fronte grazas a ser alto e mozo. Non se trata de ningunha chanza. Un militar de alta graduación da Escola Naval de Marín escolleu ós máis altos, entre eles a Xerardo, para incorporarse en Ferrol á infantería de Mariña. Uns días antes de que o Baleares soltara amarras, outro alto mando militar reuniu á tropa para seleccionar ós máis mozos e mandalos formarse como pilotos. A el mandárono a Alemaña onde acadaría o grao de tenente-piloto de aviación e probablemente chegaría a máis. Pero de novo a convulsa historia europea da primeira metade do século XX daría unha reviravolta. As cousas comezan poñerse moi feas en Alemaña. O ambiente prebélico fai que moitas embaixadas recomenden ós seus nacionais regresar ós seus países. Mais velaí que entrementres terminara a Guerra Civil en España e Xerardo pode retornar as aulas e rematar os seus estudos universitarios.

         Tamén destas idas e voltas tiraría Xerardo as súas conclusións, aprendendo que na vida hai que arrepoñerse sempre as dificultades, sacarlle partido ós talentos que Deus nos deu e ter unha chisca de sorte.

Nada era igual que antes en Santiago. A dura posguerra e o recordo aínda vivo da guerra farían medrar de súpeto aqueles mozos. Rematou a carreira de Medicina e proseguiu os estudos de doutoramento en Madrid, obtendo posteriormente o título de doutor en Medicina e Cirurxía na Universidade de Salamanca. Despois virían as estadías en Barcelona, Viena, Londres, París ou Lyon para especializarse en Cirurxía Xeral e Dixestiva. Diante daquel brillante doutor abríanse moitas portas entre elas o amor dunha moza que sería a súa dona.

          Mais Xerardo opta pola práctica da medicina privada.

         O contacto con centos de pacientes que pasaron pola consulta, o trato sempre próximo e persoal, ensináronlle máis psicoloxía que calquera mestría que puidera facer na mellor universidade do mundo. Aprendeu, contra o que adoita pensarse, que un galego sempre sabe se sube ou se baixa unha escaleira e que tomar unha cunha de caldo e ter un pouco de retranca non lle cae mal a ninguén.

         Co camiño andado no ámbito da medicina, chegou a transición e a política vaino tentar. Primeiro timidamente, como un dos fundadores do Partido Popular Galego (PPG), de vida efémera,  integrado na Democracia Cristián española e internacional. Pero o seu paso á política con maiúsculas, a outra gran faceta de Fernández Albor xunto coa medicina, vai producirse ó encabezar as listas de Alianza Popular pola provincia da Coruña nas primeiras eleccións autonómicas, convocadas en outubro de 1981 ó abeiro do Estatuto de Autonomía de Galicia que viña de aprobarse. Logo da vitoria electoral de AP naqueles comicios, Xerardo Fernández Albor será investido como o primeiro presidente autonómico da Xunta de Galicia un 21 de xaneiro de 1982.

O acto de toma de posesión ten lugar na Igrexa de San Domingos de Bonaval, a carón do Panteón de Galegos Ilustres, onde repousan os restos de Rosalía de Castro, Alfredo Brañas, Ramón Cabanillas, Francisco Asorey, Castelao ou Domingo Fontán, ilustre profesor e xeógrafo que ocupou a presidencia desta Real Sociedade Económica de Amigos do País de Santiago.

         Deixa a Presidencia no ano 1987 por mor dunha moción de censura. El soubo abandonar a Presidencia da Xunta de Galicia coa dignidade dun vello galeguista.

Máis alá dos seus logros políticos, que os tivo e moitos, prestou o maior servizo imaxinable a autonomía: facer que prendera na mentalidade de todos os galegos o agarimo e o respecto pola súa terra e as súas institucións.

         No ano 1989 comeza a súa andaina no Parlamento Europeo. Xerardo terá contribucións decisivas para a futura Unión Europea e dende ela tamén mirará para Galicia e para América. No transcurso da súa primeira lexislatura como europarlamentario, ocupará a presidencia da Comisión creada para a reunificación de Alemaña. A partir do ano 1994, presidirá, co apoio de todos os grupos políticos, a Comisión de Asuntos Exteriores e será o Vicepresidente da Delegación América do Sur e Mercosur no Parlamento Europeo.

         Non podo deixar de mencionar pola importancia estratéxica que tivo para o Camiño de Santiago e para a súa meta o seu labor dentro do Parlamento Europeo como Presidente e fundador do Intergrupo Camiño de Santiago, Intergrupo do que agora é Presidente de Honor.

Ten recibido moitos recoñecementos. Tiven a honra de propoñer para el a concesión da medalla de ouro da cidade de Santiago que lle foi outorgada xunto co título de fillo predilecto polo noso Concello. De entre os recoñecementos que recibiu no estranxeiro cómpre salientar a Gran Cruz do Mérito da República Federal de Alemaña. Uns anos despois, con motivo do seu 90 aniversario, o Presidente do Parlamento alemán comunicoulle que ían proceder a pendurar un retrato seu na Galería de Personalidades ilustres do Bundestag. Con seren importantes estes o outros galardóns, coido que o maior que recibe a cotío é o de saberse querido por todos os composteláns e por todos os galegos que o paran pola rúa para preguntarlle polo segredo da súa eterna mocidade ou simplemente para darlle as grazas por ser como é.

Quedan na nosa cidade pegadas indelebles do seu paso polas distintas actividades e cargos que desempeñou, tanto médicos como políticos ou culturais. Mencionarei tan só algunha delas:

1) Comezarei polo seu benquerido Policlínico “La Rosaleda, un moderno centro hospitalario que cumpriu catro décadas de servizo e atención ós cidadáns e que conta dende o ano 2004 cunha Fundación que preside don Xerardo para espallar cultura e coñecemento, dous dos valores que máis ama.

2) Cómpre falar despois da súa batalla para que Santiago de Compostela fose a capital de Galicia. Como lembrarán moitos dos aquí presentes, o debate foi longo e non estivo exento de tensións. Neste tema, como en moitos outros, o Presidente Albor expuxo as súas razóns, engadindo esa dose de sentido común e honestidade que el sempre empregou na vida e na política.

3) O Edificio Administrativo da Xunta de Galicia en San Caetano, a nova sede do Parlamento de Galicia, o edificio da RTVG en San Marcos, a creación do Consello da Cultura Galega no ano 1983, cuxo primeiro presidente foi D. Ramón Piñeiro López, intelectual galeguista e amigo persoal de D. Xerardo.

4) A súa sensibilidade cultural levarao á presidencia de Música en Compostela e a participar en moitas máis asociacións, fundacións e entidades de todo tipo.

         8) E quedan, como non, esas pegadas invisibles de Xerardo Fernández Albor camiñando a cotío polas rúas composteláns, saudando a xente e repartindo o seu agarimo con cada unha das persoas, coñecidas ou non, que se paran a falar con el. “A política –repite decote don Xerardo- é falar coa xente”.

 

         Podería salientar moitas outras cousas da biografía de D. Xerardo, para tentar dilucidar se un gran político nace ou se fai. Pero abusaría da súa paciencia e non lle faría xustiza ó noso homenaxeado pois, con ser importante todo o que levo dito del, aínda non falei do principal: a súa honradez e xenerosidade que o levou a entregar o mellor de si mesmo ós demais e a tratar a todas as persoas con dignidade, sen facer distingos de ningún tipo.

Xerado foi, ó longo da súa vida, un home de acción; foi tamén un home de pensamento; pero foi, sobre todo, un home que acadou o ideal descrito por Goethe: actuar consonte ó que pensaba. O seu retrato é unha radiografía da honestidade; o retrato dun home que gobernou a súa vida profesional, familiar e política coa dilixencia do que en Dereito Civil  chamamos un bo pai de familia.

Sei, de certo, que a Xunta Directiva da Real Sociedade Económica de Amigos do País de Santiago, tería en conta estes e outros méritos de Xerardo Fernández Albor para acordar nomealo Socio de Honor. Por iso, quero rematar felicitando o acerto desta sociedade, tan compostelán e tan galega, por ter pensado no Dr. Fernández Albor para engadir o seu nome a selecta nómina das persoas que posuíron esta distinción e a el darlle as grazas por ter entregado o mellor de si mesmo ós demais de forma xenerosa e exemplar.

                                      Moitas grazas

 

ACTA DE NOMBRAMIENTO

Se da lectura a continuación al acta de nombramiento como socio de honor.

En Santiago de Compostela el 13 de septiembre de 2011 a las 20:00 horas, en su sede de Plaza de Salvador Parga 4 – 2º, se reúne la Junta Directiva de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad de Santiago.

 

Se da lectura a la propuesta de nombramiento:

La Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad de Santiago, quiere mostrar el reconocimiento a uno de sus socios más ilustres, Don Gerardo Fernández Albor.

Ingresó como socio de la RSEAPS el 2 de mayo de 1963, lleva por lo tanto casi 50 años participando de forma activa en las actividades de nuestra institución, acudiendo siempre que sus múltiples obligaciones se lo permiten, a las exposiciones, conferencias, asambleas de socios y todo tipo de actos que organizamos.

Se propone su nombramiento como socio de honor, en base a que en su persona concurren los tres requisitos básicos para tal distinción:

  1.- Una sólida preparación, con su titulación universitaria de Medicina en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se doctoró en Medicina y Cirugía, alumno destacado, completó su formación, con la especialización en Cirugía General y aparato digestivo en las Universidades de Barcelona, Madrid, Londres, París y Viena.

 2.- Su deseo de contribuir al progreso humano.

 3.- Su gran amor a Galicia

 

Tras la lectura de la propuesta de nombramiento, la Junta Directiva de la RSEAPS, acuerda por unanimidad el nombramiento de Gerardo Fernández Albor como socio de honor de la institución.

 

 

INTERVENCIÓN DON GERARDO FERNÁNDEZ ALBOR

SALUDO A LAS AUTORIDADES

La Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago ha decidido nombrarme socio de honor, uniendo mi nombre al de otras ilustres personalidades que han recibido este título honorífico, comenzando por su fundador, Antonio de Páramo y Somoza, y continuando por Salvador Parga, José María Fenollera, Joaquín Díaz de Rábago, Jesús Precedo Lafuente o Manuel Fraga, único Socio de Honor vivo en la actualidad.

Agradezco muy sinceramente este nombramiento, acordado por la actual Junta Directiva que preside Juan Bautista de la Salle Barreiro Pérez, que me da la oportunidad de dirigirme a todos ustedes para manifestar mi gratitud y mi afecto por una institución tan unida a mi propia biografía. Hace 48 años que soy socio de una institución cuyo nacimiento se remonta al año 1783, cuando los fundadores (Don Antonio Páramo y Somoza, Don Pedro Antonio Sánchez Vaamonde, Don Luis Marcelino Pereira, Don Benito Gil Lemus y Don Antonio Gil Lemus) presentaron al Consejo de Castilla, una solicitud para establecer en Santiago una Sociedad Patriótica de Amigos del  País, bajo el título de Sociedad Económica del Reino de Galicia. Tal denominación no fue del agrado del Rey Carlos III, porque pretendía que naciesen otras sociedades semejantes en distintos lugares de Galicia, por lo que se aprobó pero con la denominación que tiene actualmente.

Son muchos los recuerdos que atesoro relacionados con esta institución centenaria. De todos éllos, recuerdo con gran fidelidad y afecto de la clases de música que recibí en mi infancia porque me abrieron un mundo nuevo que me acompañaría a lo largo de toda mi vida.

Mil gracias a Gerardo Conde Roa, alcalde de Santiago de Compostela, al que, como acaban de comprobar, su afecto y los lazos familiares que nos unen, le ha llevado a describir en su laudatio el retrato de un hombre al que me gustaría parecerme. Agradezco sus palabras porque sé que están llenas de cariño.

Tienes razón Gerardo, cuando dices que la Guerra Civil interrumpió mi vida, mis estudios, mis proyectos y la de todos aquellos magníficos jóvenes de mi generación que tuvieron que sufrirla entonces. La guerra es probablemente el peor de los males y cuando se trata de una guerra entre hermanos, como fue la nuestra, su  grado de perversidad se multiplica. Creo que esta amarga vivencia fue la que me llevó a luchar, desde muy diversos frentes, por la vida, por la concordia entre los hombres y por la paz.

Se engañan a si mismos y hacen un mal de incalculables consecuencias a las nuevas generaciones quienes se empeñan, 70 años después de sucedidos aquellos dramáticos acontecimientos, en desenterrar los fantasmas del pasado para sembrar el odio y el enfrentamiento entre españoles. La memoria y la historia deberían ser un acicate para que todos nos esforcemos en sembrar los valores de solidaridad y fraternidad, los sentimientos más elevados del ser humano. Hemos hecho una transición política en nuestro país que ha sido modélica y motivo de admiración en todo el mundo. Sería inconcebible, a estas alturas, tirar por la borda el clima de concordia y la convivencia que juntos hemos logrado.

El hecho de que este acto se celebre en la Ciudad de la Cultura de Galicia, un templo de la cultura contemporánea y de la modernidad de nuestra tierra, me brinda la oportunidad de decirles que el mejor camino para conquistar los valores de los que antes hablaba es la cultura. Si algo me ha enseñado la vida es que solo a través de la cultura y de la educación podemos ser verdaderamente libres y alcanzar las cotas de felicidad más elevadas a las que podemos aspirar en este mundo. Un descubrimiento que atisbé de forma temprana en las aulas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago y que después aprendí de la mano de grandes maestros en la Universidad compostelana y en las otras en las que amplié estudios. Después está esa otra universidad, la de la vida, en la que uno sigue aprendiendo si sabe escuchar a las personas más sabias que están a nuestro alrededor: en la familia, en el cúmulo de experiencias que le debemos a los demás conforman también eso que llamamos cultura.

La cultura es imprescindible en nuestro tiempo como garantía de futuro. Hoy tenemos muchos más medios y más información que antes:  la radio, la televisión, los periódicos, internet, bibliotecas muy bien dotadas (como esta en la que nos encontramos) pero qué uso hacemos de estas poderosas herramientas. ¿Están al servicio del conocimiento y de la cultura? Me temo que, en muchas ocasiones, los contenidos que transmiten estos medios más que informar, desinforman, y más que formar, deforman.

Es responsabilidad de todos legar a los más jóvenes un mundo en el que el conocimiento sea una aspiración compartida por todos y en el que los valores más elevados del hombre ocupen el lugar privilegiado, frente a tanta banalidad y tanta codicia. Debemos enseñar a las nuevas generaciones a cultivar el espíritu único camino que conozco para ser auténtico y entregar lo mejor de si mismo a los demás.

En Galicia hemos tenido la fortuna histórica de ser uno de los centros de la cultura europea gracias a que en nuestra tierra quedó depositada la semilla de la fe que nos trajo el Apóstol Santiago. El cristianismo, además de ser una religión, es también una cultura que ha contribuído a vertebrar Europa, dotándola de una unidad espiritual antes incluso de que se creasen los Estados modernos. El cristianismo nos ha enseñado los valores de igualdad, fraternidad, respeto, libertad, amor. Unos valores que la cultura democrática ha incorporado por ser los más elevados. A veces me pregunto si hemos olvidado esta evidencia cuando de forma simplista renunciamos a los valores del cristianismo y queremos alejar de nosotros todo lo que la religión nos ha dado.

A cosas como esta me refiero cuando reivindico la necesidad de explicar claramente a los más jóvenes cuáles son nuestras raíces, para que éllos sepan también que camino elegir y cómo construír una vida digna de ser vivida. No está en nuestra mano evitar que ellos experimenten la vida, que sufran sus reveses y que aprendan de sus errores. Pero si podemos ofrecerles todo lo que nosotros mismos hemos heredado de nuestros mayores y que nos ha ayudado a llegar  hasta aquí. Isto é, para min, a cultura: unha fiestra aberta por onde a alma humana viaxa e se recrea. Tamén a Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, que dirixen hoxe estes mozos, con Juan de la Salle Barreiro e Francisco Loimil á cabeza, naceu para promover a cultura e o coñecemento, como base do progreso. Para eles e para toda a Xunta Directiva non podo ter máis que palabras de agradecemento polo recoñecemento que me outorgan no solpor da miña vida.

Por iso, quero rematar cunha frase de Schiller que recomendó a todos os que se vaian sentindo avós:

“Sexa a túa sabedoría a dos brancos cabelos, pero conserve o teu corazón a inocencia da infancia”.

Moitas grazas.

 

FIN DEL ACTO



[1] SOTELO BLANCO, O.: 88 gallegos. Una tierra a través de sus gentes, Sotelo Blanco Ediciones, Barcelona, 1983, vol. I, p. 34.

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de la ciudad de Santiago - 2008

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