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03/03/2013  

ARTÍCULOS SOBRE ANTONIO CASARES EN EL CORREO GALLEGO. MARZO 2013


El Correo Gallego 3.03.2013

Casares y la nutrición

por Ramón Cid Manzano

El químico monfortino, del que ahora se celebra el bicentenario del nacimiento, llevó sus conocimientos a este campo// Publica seis artículos originales que aparecen en la revista de la Academia Médica de Emulación, creada en Santiago.

 

La aportación de Casares en este campo es modesta, si la comparamos con la trascendencia de otras aportaciones del químico gallego. De todos modos tenemos que situar esta contribución en el tiempo que se produce, tomando en consideración el estado de la cuestión de esta temática en esa época. Una vez más, tenemos al químico monfortino en la múltiple condición de químico, farmacéutico y científico preocupado por llevar los conocimientos al campo aplicado.

         La totalidad de los trabajos que realizó en este campo aparecen publicados en el bienio 1848-1849, y acontece algo que ya hemos visto en otras áreas en las que trabajó: una dedicación profunda al tema, para dejar bien establecido el punto de partida, y el abandono para que otros puedan seguir avanzando en él.

LOS ARTÍCULOS SOBRE NUTRICIÓN. Publica Casares seis artículos originales que aparecen en la revista de la Academia Médica de Emulación, creada en Santiago de Compostela en 1847, vinculada a la Facultad de Medicina, y que desarrolló sus actividades hasta 1850. Casares jugó un papel destacado en esos años de funcionamiento, siendo estos artículos una consecuencia del carácter abierto e interdisciplinar de esa institución, con un enfoque progresista tanto en el marco educativo como en el campo de la investigación científica. Varios artículos más, derivados de estos seis, aparecerían en otras publicaciones.

         Estamos hablando de una época, mitad del siglo XIX, en la que estaban aún abiertas grandes controversias químicas en relación a la digestión, y que protagonizaron químicos como Berzelius, Dumas o Liebig.

         Casares entra a fondo en esta cuestión y en un amplio artículo titulado Química orgánica, alimentos hace un recorrido sobre aspectos que eran objeto de consenso en este campo. Vemos como establece los principios químicos que son imprescindibles en cualquiera substancia que se considere como alimento: carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y sales minerales. Señala a las feculas, azúcar, grasas, etc., como nutrientes destinados a ser combustibles para “el calor animal”, denominándose a los alimentos que los contienen respiratorios.

         Un segundo tipo de alimentos son los que deben reparar tejidos y demás órganos y que contienen entre otras substancias la fibrina, albúmina, gluten, la caseina, etc., y que son denominados alimentos plásticos. Hace finalmente, en base a estos nuevos conocimientos, una serie de indicaciones sobre cómo deben ser alimentados los enfermos graves, criticando algunas prácticas que son realizadas en este campo por algunos médicos.

El Correo Gallego 10.03.2013

La estación meteorológica de la USC y Antonio Casares

por Andrés Díaz Pazos

El científico gallego puso a andar, cuando era decano de Filosofía, un observatorio meteorológico en la terraza del edificio principal de la Universidad, la actual sede de Geografía y Historia// Se tomaron las primeras mediciones del tiempo en Santiago

En nuestra sociedad la evolución del tiempo atmosférico forma ya parte de la vida cotidiana a través de los periódicos, televisión y de la WEB. Tanto los habitantes de la aldea como los urbanitas regulan de alguna manera sus vidas en función de las predicciones meteorológicas que nos llegan por esos canales. Tenemos bastante claro también que esta preocupación es ancestral, y ahí esta el importante acervo de refranes sobre tiempo y clima que hay en todas las culturas que lo testifican.

Pero lo que probablemente desconozca el compostelano, sea urbano o periférico, es lo recientes que son las primeras medidas meteorológicas y los primeros intentos de predicción del tiempo, hacia principios del siglo XIX. Y también puede que ignore que la ciudad de Compostela, de entre las de la zona húmeda de la península, es una de las cinco primeras pioneras en contar con un registro histórico de datos.

El Correo Gallego 17.03.2013

Casares y el análisis químico

por Ana Mª. González Noya y Manuel R. Bermejo

Tras los estudios de la licenciatura y doctorado de Farmacia, no abandonó jamás su formación analítica// Sólo los méritos propios llevaron el padre de la química gallega, del que se cumple su bicentenario, a lo más alto de la ciencia en Galicia.

Antonio Casares inicia su contacto con el análisis químico cuando realiza sus estudios de la licenciatura y doctorado de Farmacia, que cursa en el colegio de san Fernando de Madrid a partir del año 1832.

Cuando termina sus estudios trabaja, como ayudante de D. Antonio Moreno, en la Real Botica de Madrid y aprende a analizar las aguas minero-medicinales. Este aprendizaje, junto con los conocimientos que aprende de las obras de los grandes de la época, irán cimentando su formación analítica que no abandonará jamás.

Estudia las obras de: J. Berzelius, Sobre el análisis de los cuerpos inorgánicos; J. Liebig, Organic chemistry and its application to Agriculture and Physiology; M. Dumas, Tratado de Química aplicada a las artes; R. Fresenius, Analyse chimique cuantitative; etc.

En la vida investigadora, y en lo concerniente a su labor analítica, debemos considerar 3 etapas bien definidas, además de la inicial que acabamos de señalar.

1ª etapa: 1836-1850. En esta primera etapa Casares gana la plaza de “Química aplicada a las Artes y a la Agricultura” de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago (SEAPS) y, siguiendo el ideario de estas Sociedades, va a realizar una investigación aplicada.

2ª etapa: 1850-1866, corresponde con su época de máxima productividad.
3ª etapa: 1866-1888, es la de la madurez analítica de Casares y terminará con su muerte. En esta época escribirá sus reflexiones sobre el análisis de las aguas en su Tratado práctico de análisis químico de las aguas minerales y potables.

El Correo Gallego 24.03.2013

Casares, personaje literario en una novela de Pardo Bazán

por José Manuel González Herrán

Una de las facetas menos conocidas en la rica personalidad de Antonio Casares Rodríguez es la que pudiéramos denominar su "dimensión literaria"; es decir, el haber servido -acaso- de modelo o inspiración para uno de los primeros personajes novelescos que salieron de la poderosa imaginación literaria de Emilia Pardo Bazán; en su primera novela, Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina (1879), aparece un científico irlandés, Félix O'Narr, que enseña Química en la universidad compostelana y que ofrece notorias semejanzas con el catedrático monfortino cuyo segundo centenario conmemoramos.

La presencia en su historia de ese sabio e investigador obedece también -y más- a otros dos importantes factores: de una parte la temprana curiosidad científica de la escritora; de otra, el ambiente experimental que en la Minerva compostelana venían fomentando por aquellos años maestros como el doctor Casares.

En cuanto a lo primero, recordemos que en los años inmediatamente anteriores a su escritura de esa novela, Emilia Pardo Bazán había publicado en revistas gallegas y madrileñas artículos y ensayos de lo que hoy llamaríamos divulgación científica; en uno ellos la escritora aludía al "prodigioso desarrollo de un género de literatura especial y exclusivamente contemporáneo: la novela científica": Pascual López sería un temprano ejemplo en las letras españolas de aquella modalidad, que hoy llamamos novela de ciencia-ficción; o, mejor, de anticipación científica, considerando lo adelantado de los experimentos y aparatos del Profesor O'Narr. En efecto, el irlandés de la novela pretende, mediante una compleja máquina de su invención y para cuyo arriesgado manejo necesita la ayuda del estudiante Pascual, la fabricación del diamante artificial: aspiración que no se inventa doña Emilia, sino que, por esos mismos años, se discute en las publicaciones especializadas.

Por otra parte, la novela que nos ocupa ha de ser considerada en el marco científico que hizo posible su redacción: la Universidad compostelana no es solo el marco ambiental y argumental del relato, sino que el apoyo científico de la novela procede de aquellas aulas y aquellos laboratorios. Aunque doña Emilia no los frecuentase, nos consta su conocimiento y trato con algunos de sus profesores e investigadores (además de Casares, Calderón, Rodríguez Mourelo, Rodríguez Carracido, González de Linares), que bien pudieron servirle como informantes en las cuestiones científicas aludidas en la novela, o como inspiradores y modelos de uno de los personajes de la historia.

La primera aparición de don Félix O'Narr se produce en el capítulo I, como un profesor "recién venido, con fama inmensa de saber, a desempeñar la cátedra de química". No solo se parece físicamente a los retratos que conocemos de Casares en los años setenta, sino que también hay semejanzas en otros aspectos de sus respectivas personalidades: el común interés por las exploraciones geológicas y la importancia que concedían a la experimentación como parte de la actividad docente.

La escena culminante de la novela, en el capítulo X, tiene lugar en el laboratorio del químico irlandés, en un caserón de la vieja ciudad, donde se guarda la extraña máquina que permitirá la obtención del diamante artificial; la descripción de aquel artefacto muestra también que la autora había podido examinar (en visita probablemente acompañada de las explicaciones de alguno de sus asesores) alguno de los aparatos que, gracias a la decisiva intervención de Casares, había en los gabinetes de la Universidad compostelana. Tras esa primera experiencia satisfactoria, la segunda tiene un resultado desastroso: no para Pascual -que, como narrador de la historia, no puede perecer- sino para su maestro, que muere como consecuencia de la peligrosa experiencia.

Alguien considerará que la autora proporciona un triste y lamentable final a este personaje, inspirado en un admirado y apreciado amigo; podemos replicar que Onarro no es víctima de su ambición (pues los diamantes obtenidos en el experimento serían para su intrépido ayudante), sino acaso un mártir del progreso científico. En todo caso, no estará de más advertir que, por lo que sabemos, ninguno de los primeros lectores y críticos de Pascual López (entre los que había muchos que conocían bien a Casares) dijeron nada acerca del parecido entre ambos maestros de Química. Mas para quienes hoy nos ocupamos de la obra pardobazaniana esa es una hipótesis generalmente admitida.

El Correo Gallego 31.03.2013

Casares: la cristalografía entra en la Universidad de Santiago

por Ramón Cid Manzano

Cuando el científico monfortino se hace cargo interinamente de la cátedra de Historia Natural en 1840 hace uso de una pequeña colección de modelos cristalográficos

En 1840, Antonio Casares es nombrado catedrático interino de Historia Natural, desempeñando ese cargo docente durante siete años. Desde el primer momento comienza a hacer acopio de material didáctico, preparando algunos animales y plantas y formando la colección zoológica con los escasos ejemplares existentes en la universidad. Además, Casares tiene que enfrentarse no sólo a la formación de sus alumnos en los diferentes aspectos relacionados con la geología, sino que también se tiene que encargar de que el gabinete vaya creciendo en sus colecciones.

Su gran interés por la Geología lo llevó a realizar una serie de importantes investigaciones en esta disciplina. Muchos de los minerales que aporta son el resultado de sus trabajos y publicaciones sobre la explotación y aplicación de minerales. Entre sus estudios en esta materia destaca haber sido descubridor de uno de los pocos minerales descritos en la Península Ibérica: la morenosita.

En un artículo anterior de esta serie, en este periódico, el profesor Díaz-Fierros ya se extendió en esta cuestión. Pero creemos que hay que volver a insistir en que la contribución de Casares en este campo no es menor. En efecto, de las casi que cinco mil especies minerales descubiertas en el mundo a lo largo de la historia, menos de una treintena fueron encontrados en España, y solamente una decena de científicos españoles están entre sus descubridores.

La INDUSTRIA MINERA

El interés de Casares por la mineralogía no era exclusivamente científico, sino que buscaba su aplicación industrial. Su labor de divulgación se refleja con brillantez  en los artículos que elabora para la revista de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago dedicados a la industria minera. Expone en esos trabajos la importancia que en Galicia tienen los yacimientos de varios metales y diferentes tipos de minerales y rocas, como la serpentina en la Capelada, o cerca de Melide, o la losa en varios puntos de la provincia de Lugo.

Ponen como ejemplo para la serpentina el embaldosado de la Iglesia de San Martín Pinario, y la calidad de las losas gallegas para cubrir los techos de los edificios dada su ligereza, impermeabilidad y duración. Incluso indica que las canteras de mármol blanco existentes también en la provincia de Lugo, sin tener la cualidad de las de Paros o Carrara, son después del pulimentado utilizables para muchos usos de todo tipo. Señala que el problema del rendimiento adecuado de este tipo de explotaciones se debe a la falta de cultura industrial en Galicia, y pone como ejemplo, de cómo llevar esto adelante la metodología seguida en Francia. Pero hablar de minerales implica su caracterización química y cristalográfica.


 

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